Presentación
Mi nombre es José Antonio. No recuerdo cuando comenzó mi afición por la fotografía pero sí recuerdo aquellos días en los que acompañaba a mi padre y a sus amigos al portal de uno de ellos donde habían improvisado un cuarto oscuro en una especie de lavadero. Sobre él ponían una tabla con las bandejas del revelador, paro y fijador, a los que mi vista no alcanzaba. Ayudado con mis manos y poniéndome de puntillas llegaba a ver como “venían” las fotos después de que los papeles de la marca “Negra” eran expuestos en una primitiva ampliadora. Es ahí donde “me picó” este gusanillo de la fotografía y donde recibí mi bautismo en ella, pues una de las veces, en lugar de coger el borde de la tabla para ayudarme a que mis ojos vieran aquella magia, me sujeté sobre la bandeja del revelador y me la eche por encima, así que suelo decir que a mí me bautizaron con revelador.
Fueron pasando los años y mi afición iba aumentando con ellos, de muy joven, creo que sobre los doce años, ya montamos un “laboratorio de fotografía” en el edificio del convento de San Francisco (entonces Club Jucal) y que hoy es Parador de Turismo, donde con unos amigos hacíamos nuestros pinitos en el arte de la fotografía.
Sin embargo, mi verdadera afición se consolidó cuando a los 14 años, la marca Kodak ofreció a mis padres la posibilidad de enviar a alguien de la casa a un curso de fotografía. Por aquel entonces en el negocio familiar se comenzaban a vender “carretes” de fotografía, y no se desperdició la ocasión. Dijeron… “pues que vaya el chiquillo”, que no era otro que yo mismo, así que en un larguísimo viaje en Seat 600 con unos conocidos de Grañon, comenzó el viaje que me marcaría para siempre.
Al llegar al día siguiente a Madrid al edificio de Kodak en la Calle Irún Nº 15 y tras conocer en que consistía el curso y a mis compañeros, en total, unos 20, me dí cuenta del error, no era un curso de fotografía normal y corriente, era un curso de fotografía en color para profesionales en los que se iba a impartir en jornada intensiva de 8:00 a 17:00 con un descanso de 1 hora para comer en el mismo local. El nivel del curso era muy alto, altísimo. Mis compañeros, de los mejores profesionales del país. El equipo de profesores, lo mejorcito de Kodak. Los laboratorios, platós y equipos, lo mejor que existía. Valga como ejemplo que los negativos eran placas de 18x24cm y 24x30cm, es decir que en ocasiones las ampliadoras no eran tales sino mas bien, reductoras. Después de estas clases cada mochuelo a su olivo y yo a mi Hotel Majerit en la Gran Vía, por aquel entonces Avenida de José Antonio, vamos, tocayo mío. Sin embargo, las clases no acababan a las cinco. Al ser el “chaval” del curso , era como el hijo de todos y me llevaban de “farra”. Quienes estén inmersos en esto de la fotografía entenderán que las mejores farras de los fotógrafos es ir de compras, que si a ver a un indio que tenía unas cámaras de galería, que si en tal sitio había un trípode no se qué, que en tal otro una óptica no se cuantos, en fin, que mis clases no terminaban a las cinco , continuaban hasta que me iba a dormir al hotel.
A los 15 días en el autobús de vuelta a casa, había aprendido mas de fotografía que de cualquier otra cosa en mi vida, con el interés que yo tenía por esta maravillosa afición, la receptividad y capacidad de asimilación normales en esa edad, en el viaje de vuelta pensaba que había aprendido todo lo que se podía saber de fotografía, evidentemente estaba equivocado, pero lo que sí es cierto es que aprendí un montón de cosas.
Las circunstancias de la vida hicieron que todo ese aprendizaje y vocación se quedarán latentes durante muchos años. Siempre he tenido el gusto por la imagen y con el paso de los años, llegó un momento de mi vida en el que decidí cambiar mi negocio de venta de electrodomésticos después de tres generaciones y estar toda mi vida en él, por el de la fotografía. A partir de entonces mi vida cambió y siento la fotografía como algo que me pertenece, soy consciente de que no aprendí todo lo que se podía saber de fotografía y de que nunca lo aprenderé pero si puedo decir que la fotografía y yo nos tratamos de tú a tú.

